EL DESARROLLO DE LA DESTREZA ORAL EN INGLÉS

EL DESARROLLO DE LA DESTREZA ORAL EN INGLÉS A TRAVÉS DEL USO DE ESTRATEGIAS DE APRENDIZAJE

La enseñanza de lenguas extranjeras parece haber estado enfocada, durante años, al desarrollo de las destrezas escritas, mientras que las orales parecían estar relegadas a un segundo plano. Sin embargo, los nuevos planteamientos conceden especial relevancia a la lengua oral, teniendo en cuenta los fines comunicativos que caracterizan hoy en día la didáctica de cualquier idioma.

Las dificultades a las que, habitualmente, se enfrentan los estudiantes cuando tienen la necesidad de comunicarse oralmente en una nueva lengua no suelen pillar por sorpresa. Factores que pueden ir desde los individuales de cada aprendiz, pasando por la personalidad, la dimensión afectiva, la cultura, la edad, etc. hasta la motivación, entre muchos otros, pueden afectar a la competencia oral de una persona en una lengua extranjera. Son numerosas las ocasiones en las que los alumnos se sienten poco confiados a la hora de lanzarse a hablar, por ejemplo, en inglés, a pesar de haber intentado memorizar, durante años, numerosas reglas gramaticales (y sus infinitas excepciones), vocabulario, etc. Aunque a  veces esto se reduce a una cuestión de timidez, enfrentarse al aspecto oral suele generar cierta ansiedad y frustración en el alumno, el cual acaba pensando que nunca será capaz de poner en práctica todo aquel inglés académico al que tantas horas ha dedicado.

Entre los temores más comunes de los estudiantes en relación a la práctica oral del inglés, dentro y fuera del aula, encontramos el miedo a cometer errores, la dificultad para encontrar o recordar el vocabulario adecuado, el miedo a hablar en público en general, el hecho de pensar demasiado en la gramática, no entender lo que dicen los demás o la falta de fluidez, entre otros.

Aunque los anteriores miedos son más que razonables y justificados, la buena noticia es que la complejidad de la destreza oral puede verse reducida mediante la puesta en práctica de “trucos” que pueden ayudar a solucionar posibles problemas durante un acto comunicativo. Es decir, el propio alumno tiene en su mano la posibilidad de contribuir al éxito de la comunicación o interacción oral en la que intervenga, aplicando estrategias antes, durante o después de dicho acto comunicativo.

Por un lado, el estudiante puede ganar confianza en sí mismo si se le permite planificar su intervención oral, concediéndole tiempo para anotar palabras clave o ideas sobre lo que se quiere hablar, organizar la información antes de hablar mediante guiones o esquemas, animarse a sí mismo a hablar incluso si se cometen errores, usar material de apoyo (diccionarios, manuales, etc.), repasar tareas similares realizadas anteriormente que puedan resultar útiles, realizar una lluvia de ideas con el interlocutor sobre el tema a tratar, etc. También tiene a su alcance recursos efectivos para superar los obstáculos surgidos durante la comunicación oral, tales como simplificar las ideas si no se es capaz de expresar lo que se quiere, deducir la intención del hablante al captar palabras que resulten familiares, prestar atención a los gestos, expresiones faciales o establecer contacto visual con el hablante, pedir aclaración cuando no se entiende lo dicho, no dejarse llevar por los pensamientos asociados a una situación (por ejemplo, durante un examen), etc. Por último, el alumno puede tratar de reflexionar acerca del éxito o el fracaso de su intervención oral teniendo en cuenta estrategias como anotar conclusiones para mejorar a raíz de los comentarios del compañero o profesor, autoevaluar el propio aprendizaje al final de la tarea, identificar los puntos problemáticos a resolver, anotar todo aquello que a uno le funciona, recompensarse a sí mismo con palabras positivas por haber completado la tarea, etc.

La familiarización, por tanto, con el mayor número posible de estrategias de aprendizaje podría agilizar el proceso de enseñanza-aprendizaje, puesto que, además, dichas estrategias pueden empezar siendo usadas de forma consciente y pautada en un primer momento, por ejemplo con ayuda del profesor, para pasar a ser usadas de forma inconsciente por parte del alumno en el momento en el que se convierte en un acto automatizado. Es posible que el hecho de contar con la ayuda de estrategias efectivas para cada una de estas fases (antes, durante y después de hablar) repercuta en la motivación del alumno al sentir que puede gestionar los recursos de los que dispone para completar la tarea con mayor garantía de éxito. En definitiva, se trata de intentar que los estudiantes estén mejor preparados a la hora de enfrentarse al reto de aprender.

María Felipe Martínez

Departamento de Comunicación

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